SAINT DENIS, UNA CAPITAL CON REFLEJO CULTURAL ÉTNICO EN EL ÍNDICO; Por Rosana Saburo

La capital de isla Reunión, Saint Denis, a orillas del Índico, se elevaba hacia las montañas mostrando cómo sus habitantes se adaptaron a la orografía montañosa de su isla, construyendo casas en altura, dominando visualmente el poderoso océano.

La rue de París guardaba tesoros coloniales, en forma de casas palaciegas, mansiones, de colores pasteles, grandes jardines, construcciones ahora con finalidad pública o museística.

Las villas coloniales eran reflejo de una vida anterior que llegaba de otros puntos lejanos, europeos, dejando una impronta arquitectónica en la isla; Nuevos habitantes, nuevos edificios en un territorio insular abrupto lleno de materiales volcánicos.

Al final de la rue de París, sorprendía el Jardín del Estado, “Le Jardin de L´Etat”, un remanso tropical de flora endémica, también de fuera, traídas del exterior,  distintas especies de árboles, un espacio en el que perderse por sus senderos y estanques era una buena opción.

Los sonidos de palmeras y otros grandes árboles mecidos con vientos tropicales relajaban los sentidos, un descanso merecido para el viaje por el casco antiguo de Saint Denis.

Avanzaba el caminar por la capital hasta llegar a calles más comerciales, algunas peatonales, cercanas al barrio de la catedral, y fue aquí donde vivimos una explosión de diversas poblaciones, un multicolor de mestizajes, una mezcla de habitantes que generaba una vida con sensaciones a apertura, intercambios y entendimiento.

Más aún todo ello acompañado con distintos edificios religiosos, mezquita, catedral, templo hindú, una riqueza religiosa en una isla pequeña como Reunión.

La diversidad étnica y cultural conformó una población abierta en Reunión, con un rico patrimonio de distintas formas de vivir que hace de esta isla un ejemplo de convivencia, indispensable para nuestra interacción, como humanos.

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EL GRAN VOLCÁN PITON DE LA FOURNAISE EN ISLA REUNIÓN, UNO DE LOS MÁS ACTIVOS DEL MUNDO; Por Rosana Saburo

Era de visita imprescindible llegar en coche hasta el mirador Pas de Bellecombe, desde allí se perlilaba el gran volcán Piton de la Fournaise, con una cumbre de 2.621 m.

Todo un viaje de curvas y miradores hasta la llegada, los juegos de nubes, riscos, temperaturas, vientos, fueron reflejo de paisajes sorprendentes, determinados por este “punto caliente” del volcán que formó  la isla de Reunión hace millones de años.

Con un promedio alto de actividad, el gran volcán ofrecía imágenes espectaculares de lavas petrificadas hacia el mar, en constante vigilancia sísmica, en tiempo real con cámaras y medidores.

La fuerza magmática del volcán marcó toda la isla, los cráteres, el macizo sobre el que se eleva, valles de ríos y arroyos y no sólo la isla Reunión también de todo el archipiélago de las Mascareñas y otras islas más lejanas.

El tiempo fue generoso con nosotros, sin nieblas, el sol lo inundaba todo, se apreciaban los colores, el negro retorcido de las lavas, las tonalidades de  las arenas volcánicas, los rojizos, grises, marrones y a lo lejos en movimiento, algunos colores vivos de ropas; Eran personas que caminaban en distintas rutas de senderismo para  acercarse por caminos habilitados al cráter  Dolomieu.

El paisaje hipnótico allá por donde alcanzaba la vista generaba tranquilidad, pero éramos tan proporcionalmente pequeños con el gran volcán, que, nos dio sensaciones como que, en definitiva, dependíamos de él, de la fuerza de un planeta en  permanente movimiento.

Teníamos que volver, con un pequeño paseo, hasta el coche, se notaba que estábamos a una gran altura y para prevenir posibles males de alturas, las paradas para beber y tomar algo de comida fueron necesarias, pero nos adaptábamos bien.

EL planeta con sus volcanes se retuerce, se aflige, lagrimea, tiene fisuras naturales, va hacia una deriva de equilibrio, y nosotros debemos seguir y respetar sus movimientos para poder continuar viviendo sobre su corteza.

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ISLA REUNIÓN, EXUBERANCIA NATURAL EN EL ÍNDICO; MIRADOR DEL VALLE DEL RÍO DE LOS REMPARTS. Por Rosana Saburo

Recién llegada de isla Reunión, tenía que comenzar a escribir sobre este viaje que me llevó a una isla tropical del  archipiélago de las Mascareñas, en el oceáno Índico.

Difícil de resumir porque fue un miniplaneta de paisajes imponentes, lleno de contrastes, donde conducir  curvas para disfrutar de sus cientos de miradores naturales, poco importaba para donde estábamos.

La contundencia volcánica, la fuerza de distintas placas volcánicas, conformó una isla desde sus orígenes en constante movimiento, regalando paisajes únicos.

Como comienzo del viaje, mereció un alto en el camino, el mirador del valle del río de los Remparts desde el mirador “du nez de boeuf”  a 2050 m.

Las alturas en la isla eran comunes casi todos los días de la estancia, y desde este mirador el valle ofrecía un paisaje grandioso, donde no se veía agua, pero su flujo  subterráneo determinaba unas formas suaves a la vez que contundentes.

La lluvia en isla Reunión era frecuente, rápida, a veces intensa,  conformando amplias zonas verdes, y desde el mirador el verdor brillaba, también los picos como los de  piton des Feux,  Lacroix, Rouge,  ó llano des Remparts. 

 El gran cráter Commerson se perfilaba a lo lejos, con épocas pasadas vaciando su lava, fue uno de los cráteres más potentes para la historia natural y geológica del planeta.

Las miradas no sólo eran hacia abajo del valle, se perdían en cualquier ángulo visual, no podíamos abarcar lo inabarcable.

El paisaje se imponía, transmitiendo una fuerza imparable de una isla que comenzábamos a conocer.

Era un valle que nos hizo comprender la grandiosidad de isla Reunión, que nos guardaba multitud de sensaciones y valores naturales.

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LA VALETA, CAPITAL UNIVERSAL EN EL MEDITERRÁNEO; Por Rosana Saburo

Me despedía de Malta escribiendo sobre su capital, La Valeta; De día o iluminada de noche, la ciudad acoge a sus residentes, trabajadores de zonas limítrofes  y numerosos visitantes en un conjunto arquitectónico de variados estilos, repletos de historia.

Edificios que se mantuvieron tras contiendas bélicas, otros sucumbieron durante los episodios de la II Guerra Mundial, que dejó una huella importante en la capital maltesa.

La Valeta sorprendía por sus fortificaciones y murallas de piedra natural blanquecina, colores constantes en toda la isla.

Lo defensivo aquí contrastaba con bellos edificios, iglesias, palacios, algunos de ellos, incluso, habitados y mostrados por moradores que seguían las tradiciones de las primeras familias que levantaron estas residencias.

Con dos bahías naturales que dieron cobijo tanto a lo militar, comercial o pesquero, la capital era toda animación y vida, con comercios de todo tipo, terrazas y calles para perderse caminando.

Su origen, sus comienzos  estaban ligados a la pluralidad de la historia imparable de esta isla mediterránea.

En la parte más elevada de La Valeta, los jardines Upper Barrakka ofrecían unas vistas inmejorables que ayudaban a comprender la ligazón de la ciudad y de la isla de Malta con el Mar Mediterráneo.

La Valeta defensiva permitió al mismo tiempo, una apertura al mundo que le valió erigirse como ciudad histórica,  catalogada Patrimonio de la Humanidad desde 1980.

La Valeta parecía fundirse con el Mediterráneo, tenues coloridos del atardecer se mezclaban con las tonalidades de la noche, la ciudad continuaba sus ritmos.

Ahora La Valeta es universal, como siempre lo fue.

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MARSAXLOKK, EL COLOR DE UN PUERTO PESQUERO TRADICIONAL EN MALTA; Por Rosana Saburo

Hacia el sur de Malta, se dejaba notar el típico calor húmedo mediterráneo, descubríamos el pueblo de Marsaxlokk;  El variado mercadillo mostraba productos de la zona, pero antes de adentrarnos en los pasillos de los puestos de venta, queríamos ver la perspectiva del puerto y también del mercado.

Era el color llamativo de sus pequeñas y medianas embarcaciones atracadas, muchas en forma de góndola, con el peculiar ojo de Osiris, elemento egipcio de protección, lo que se perdía a nuestra mirada, mezclándose a su vez en panorámica con los puestos y productos del mercado, aumentando más el colorido.

Las barcas de azul, verde, rojo, amarillo, el movimiento de telas colgadas en los puestos,  al fondo, las siluetas de las torres de la iglesia, era toda una estampa de la esencia tradicional de un puerto pesquero.

La pesca, una actividad económica y comercial determinante para Marsaxlokk, la captura de pescado significó la riqueza e intercambio entre pueblos.

También la ubicación del puerto, en mitad de Mediterráneo, logró desde sus orígenes proyectarse de vida e intercambios comerciales.

Aunque actualmente el pueblo de Marsaxlokk es muy turístico, muy conocido por su mercadillo en el que se vende de todo, ofreciendo además, restaurantes de pescado, cafeterías, dejaba entrever que era mucho más que lo visible.

Se podía captar lo atractivo de un lugar abierto, alegre, conectado con el mar, rico en cultura, parada obligada en un sitio de paso, de conexión con tantos otros lugares.

Y, por supuesto, un enclave de convivencia entre pueblos que desde la Antigüedad pusieron la mirada y anhelos en esta isla.

El viaje continuaba hacia otra visita ineludible, la Gruta Azul, cavidades marinas, cinceladas por la erosión marina, ubicadas bajo acantilados.

Un pequeño paseo en medianas embarcaciones, regalaba los juegos de una naturaleza que exhibía multitud de luces en movimiento con el mar, todo un espectáculo.

A la vuelta, al fondo, se dejaba ver, el islote deshabitado de  Filfla, espacio de reserva para aves.

La visita a la Gruta Azul dejaba más espectáculo natural en nuestra memoria del viaje a Malta, sorprendiéndonos sus aguas cristalinas y tonos azulados que irradiaban luces especiales.

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MALTA, LA ATRACCIÓN DEL CENTRO DEL MEDITERRÁNEO; Por Rosana Saburo

La situación geográfica del archipiélago maltés en mitad del Mediterráneo, entre Europa, África y Asia, fue determinante para ser disputada desde la Antigüedad.

Con suaves colinas, podía contar con abrigados puertos, pequeñas bahías, acantilados, playas de azul turquesa, buen clima, elementos atrayentes para muchas civilizaciones y pueblos.

El amplio legado histórico fusionó tradiciones, lenguas, modos de vida que actualmente permanecen, generando variedad y colorido, sobresaliendo el color blanquecino de la piedra caliza con la que se construyeron desde estructuras prehistóricas hasta palacios, iglesias, fortalezas o torres defensivas.

Malta fue moldeándose con el devenir histórico, desde la Antigüedad a la actualidad fueron muchos vaivenes para un pueblo que intentaba echar raíces, y que cuando éstas se mantenían, nuevas invasiones añadían nuevos elementos.

Descubrir Malta es abrirse a la historia, hoy destino turístico por excelencia, muy visitado, con escalas de grandes cruceros, con mucho que ofrecer al viajero, destacando tres enclaves  inscritos como Patrimonio Mundial, el Hipogeo de Hal Saflieni, Ciudad de La Valeta,  y los Templos megalíticos de Malta.

La importancia actual de la actividad turística en Malta convierten a este sector en el archipiélago, como uno de los motores económicos.

El viaje dejaba aires mediterráneos, abiertos a África, Malta agitada históricamente que buscaba su propia identidad, y esa es la mirada del maltés, de un pueblo abierto que siempre supo vivir en una isla deseada y codiciada, buscando su autenticidad.

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BLOIS, LA VILLA DEL ARTE E HISTORIA EN EL VALLE DEL LOIRA; Por Rosana Saburo

La ciudad de Blois concentraba la historia y arte  en el Valle del Loira, con su castillo a la cabeza, dejaba ver que era más que su magnífico palacio-fortaleza real.

Bañada por el Loira, sobre una colina, se gestó la historia de Blois a lo largo de siglos, alrededor de su atalaya, convirtiéndose más tarde en castillo, con su máximo esplendor  durante  el Renacimiento, siendo la residencia favorita de la realeza, guardando así los misterios de una corte que luego convulsionaría con la Revolución Francesa.

El centro histórico de Blois enseñaba aires misteriosos en sus jardines históricos, iglesias, calles peculiares, tanto que una de ellas está dedicada a las antigüedades y galerías, sorprendiendo con su Maison de la Magie Robert-Houdin en el que cada media hora  se podía ver el espectáculo de magia saliendo de los  propios balcones del edificio en la plaza del castillo, dejando caras encantadas de magia a niños y no tan niños.

 La escalera monumental adornada Denis Papin nos enseñaba, mientras ascendíamos, el retrato de la Gioconda, conmemorando  el 500 aniversario de la muerte del genio Leonardo da Vinci, sensaciones únicas que, a medida de nuestros pasos, en plena calle, descubrir una obra de arte entre peldaños.

Ya con Luis XII, Blois se convirtió en capital de las artes, no sólo la realeza necesitaba de los mejores oficiales y artistas para el castillo, la propia ciudad de Blois inspiraba, era el río, las panorámicas, las sensaciones de una ciudad abierta y receptora de ingenio.

La historia también dejó la huella de Juana de Arco en Blois que en 1429 recibió bendiciones en la  capilla  del castillo, para después partir hacia la ciudad de Orleans.

El representativo castillo de Blois exhibía su poderío arquitectónico en diferentes estilos, gótico, renacentista, clásico, sobresaliendo colores como los blanquecinos, característicos de la piedra del Valle del Loira o grisáceos de los tejados, sobresaliendo uno de esos elementos, la escalera en espiral, objetivo de las cámaras fotográficas.

Buena idea fue recorrer el centro histórico de la ciudad en uno de los itinerarios peatonales señalizados en las calles de la ciudad, hacían de guía turístico.

Las señales, los emblemas tan importantes en muchos rincones de los aposentos privados del castillo real, en esa idea monárquica de invulnerabilidad, algunos de ellos como la Flor de Lis, la salamandra o el puercoespín ahora, nos servían como guía en un sendero urbano, en las calles de Blois, las marcas y huellas de una historia imparable de una ciudad histórica.

Blois no se detiene, sabiendo mantener la esencia de una ciudad de forma original, como así se ha demostrado en el emblemático castillo, convirtiéndose en un símbolo y empuje de una población.

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EL CASTILLO DE CHENONCEAU, ESPLENDOR DE LA HISTORIA; Por Rosana Saburo

Cuando en el siglo XVI, Tomás Bohier, cobrador de Francisco I  se encargó de las obras iniciales del Castillo de Chenonceau , una sucesión de improntas femeninas darían como resultado la actual fisonomía de una residencia conocida como  “el castillo  de las damas o de las señoras”, convirtiéndose actualmente en el monumento privado más visitado en Francia.

La travesía hacia el castillo estaba rodeada con refinados jardines, perfectamente delimitados que guiaban  hacia la puerta principal de acceso, abierta de par en par para los visitantes.

De la realeza a la Revolución Francesa, Chenonceau fue vendido, revendido, testigo de guerras mundiales, era el ejemplo del paso de la historia, en un lugar, tan especial como el río Cher, un afluente del Loira.

La amante del rey Enrique II de Francia, Diana de Poitiers, diseñó los jardines, pretendían ser lo más bellos de la época, y sí que lo consiguió.

La perfecta geometría de las terrazas podía apreciarse, finalizando éstas sobre las aguas del río Cher, elevándose para evitar las crecidas.

Y  como historia de amor, tras el fallecimiento de Enrique II, Catalina de Medicis, su esposa, embelleció aún más los jardines, incluso el diseño arquitectónico, además de obligar a salir de Chenonceau a Diana de Poitiers.

En el siglo de las Luces, una dama de la alta sociedad francesa, Louise Dupin, aportó el toque intelectual a Chenonceau, en sus salones estuvieron escritores, artistas, científicos, algunos de sus ilustres visitantes fueron Montesquieu, Voltaire, Rousseau, logrando mantener al castillo durante esa etapa revolucionaria, a salvo de posibles daños.

Pero Chenonceau transformó su función,  pasando a ser hospital de guerra, en las contiendas bélicas mundiales, su galería de suelo ajedrezado, con vistas al río Cher y grandes ventanales, pasó de salón de baile a sala de hospital.

Todos los rincones de las salas, aposentos, cocinas, biblioteca, estaban inundados de jarrones con flores frescas, cultivadas en el Vergel de las Flores, con jardineros que lograban florecer más de un centenar de variedades, también un semillero.

Era perder la vista en panorámicas equilibradas donde la arquitectura estaba unida a  jardines armónicos con el río en el centro, el fluir del agua como el fluir de la historia.

Esa imagen del centro de las chimeneas de los aposentos de Chenonceau con letras iniciales cruzadas de los nombres de Enrique II y su esposa Catalina de Medicis significaban mucho más que un enlace matrimonial real porque Chenonceau fue testigo del  amor entre Enrique II y Diana de Poitiers.

El castillo de Chenonceau, un símbolo arquitectónico, más que una residencia real, mostraba el esplendor histórico, idas y venidas, ofreciendo que era posible, ahora, otras formas de admirarlo.

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VALLE DEL LOIRA, UN LEGADO ARQUITECTÓNICO Y NATURAL, PATRIMONIO MUNDIAL; Por Rosana Saburo

La autopista dejaba ver a su derecha las primeras señales que indicaban que recorríamos regiones donde las “château”, casas solariegas de campo, también las fortificaciones, castillos eran los protagonistas junto con grandes extensiones de tierras de campo.

Fue el pasado mes de mayo, una escapada para descubrir el Valle del Loira, conocido  también como el jardín de Francia, un viaje que nos sedujo a disfrutar del arte, arquitectura, flores, jardines, un guiño que  nos condujo a revivir la historia.

El destino era la ciudad histórica de Blois, y nada más llegar, nos ofreció la vista del río Loira fluyendo a través del puente histórico Jacques Gabriel, tuvimos la perspectiva de un río que marcaría el paisaje durante los próximos días de viaje.

Las vistas y panorámicas eran suaves, predominando el verde, con explotaciones de viñedos, conformando esos vinos del Loira, otros territorios más salvajes, próximos al río, daban para actividades diversas, desde canoa, barco, o bici.

Una naturaleza inspiradora, un río que hacía de límite natural, decisivo para la historia, en la que hubo para todas las escenas, desde períodos de guerras hasta la estabilidad de la paz, en la que emergió el arte, transformando castillos defensivos medievos a lujosas residencias de reyes.

Grandes artistas fueron llamados al Valle del Loira para hacer realidad los gustos y necesidades de  la realeza, entre ellos, sobresalía uno, Leonardo da Vinci.

Nuestro viaje coincidió con algunos actos que conmemoraban 500 años de la muerte de Leonardo da Vinci.

El genió falleció en su última morada francesa, el castillo-mansión  Clos Lucé, en Amboise, donde vivió los tres últimos años de su vida.

El genio dejó toda una transformación, innovación en el Valle del Loira; Fue  en Francia, con el rey Francisco I,  donde Leonardo obtuvo grandes reconocimientos.

En el valle del Loira, Leonardo da Vinci trabajó, como mejor se hace, con independencia y libertad, además de obtener el título de «primer pintor, ingeniero y arquitecto del rey».

Las suaves corrientes del Loira traían ideas humanistas, nuevas formas de valorar e interpretar el mundo, cambiando para siempre las formas del valle, no sólo castillos, arte, paisajes, jardines, todo ello unido a la figura de Leonardo da Vinci.

El valle del Loira, un entorno rural, que mantuvo una naturaleza exuberante, con la misma fuerza que sus castillos, palacios, lo salvaje se unió a lo refinado, mostrando que era posible un viaje a la historia.

Las palabras que el comité de la UNESCO en el año 2000, manifestó agregando la parte central del valle del río, entre Chalonnes-sur-Loire y Sully-sur-Loire, a su lista de Sitios del Patrimonio Mundial, resumían el Valle del Loira como: “un paisaje cultural excepcional, de gran belleza, de ciudades y pueblos históricos, grandes monumentos arquitectónicos, los castillos”.

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