BAÑOS DE POPEA, UNA RUTA HISTÓRICA EN SIERRA MORENA UNIDA A LA CULTURA DEL AGUA; Por Rosana Saburo

Caminar a través de la ruta de Baños de Popea en la aldea cordobesa de Santa María de Trassierra ubicada a 15 Km de la capital, Córdoba, fue una inmersión de exuberante naturaleza, historia y leyendas.

Su nombre ya evoca a la emperatriz romana Popea, denominación derivada de los baños que pueden disfrutarse en una gran poza natural formada tras la caída del agua de una de las cascadas del Arroyo del Molino.

Frescor, verdor, espesa vegetación formaban un rincón perfecto para recrearse en el baño en estas pozas naturales.

El bosque en galería sorprendía por su espesura, con variedades de helechos por doquier, todo posible sólo en un entorno acuático, de ribera, próximo al Arroyo del Molino.

Las ruinas del Molino del Martinete, molino harinero, de origen árabe, aún conservaba arcos y muros de piedra, con una posición más elevada respecto al arroyo del que se sirvió para su funcionamiento.

La frondosa vegetación en el sendero guiaba hacia la desembocadura del Arroyo Bejarano al río Guadiato, la búsqueda del agua en su curso natural, alimentaba grandes charcas del remansado Guadiato, que permitían regodearse visualmente con una estampa de reflejos de la naturaleza en su máximo esplendor.

Las minas romanas, hasta poco explotadas, que abastecían de cobre, con la extracción de calcopirita, nos ofrecían la posibilidad de recorrerlas adentrándonos en el interior de Sierra Morena.

Los lugares eran tan especiales que sus nombres lo decían casi todo, como el de “El Rincón del Duende”, donde la vegetación y el agua ayudaban a perderte en un espacio que parecía guiado por algo mágico.

El cambio de la tupida vegetación a la dehesa dejaba vislumbrar pinos, encinas, quejigos, amplitud de espacios, un enclave para repasar lo vivido tras el recorrido.

Más adelante, el primer venero del Arroyo Bejarano formaba una poza, daba un espacio ideal para las aves y la tranquilidad, partiendo desde aquí el acueducto romano de Valdepuentes que sirvió para llevar agua hasta la ciudad califal del Madinat al Zahra.

El sendero avanzaba en un suave descenso hasta la Fuente del Elefante, una escultura de piedra que sobresalía en el estanque, una réplica  que formaba parte del palacio de recreo que mandó construir el califa Abderramán III, una figura animal excepción en la cultura islámica.

El atractivo del lugar culminaba con leyendas sobre el origen de la escultura de este animal, quizás elefantes del ejército romano, abandonados a su suerte tras contiendas bélicas, que buscando agua con sus patas, lograron emanar al líquido tan preciado.

Santa Mª de Trassierra se asomaba en el horizonte, aldea unida a personajes históricos como Luis de Góngora, poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, que fue párroco en esta aldea.

También estudiosos e historiadores sitúan a Cristóbal Colón en este recorrido vinculando al navegante con Beatriz Enríquez con la que supuestamente mantuvo una relación sentimental.

Una ruta de 12 preciosos Km, fácil de realizar, en contacto con espacios de gran valor madioambiental y arquitectónico, repleta de historia y leyendas.

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MADINAT AL-ZAHRA, LA CIUDAD CALIFAL RESPLANDECIENTE; Por Rosana Saburo

De nuevo, en Córdoba; La ciudad califal de Madinat Al-Zahra emplazada entre la sierra cordobesa y la llanura del río Guadalquivir, hoy conjunto arqueológico, transmitía lo que era una gran ciudad proyectada para irradiar su cultura al exterior.

Una tradición, la de fundar ciudades, lo que plasmó su fundador, Abderramán  III en Madinat Al-Zhara.

El poder califal aprovechó anteriores infraestructuras como el acueducto romano o materiales cercanos de la propia sierra cordobesa para la construcción de la urbe.

La Medina, la ciudad, se diferenciaba de la residencia del califa y su gobierno que se localizaba en el Alcázar, más elevado.

Sus habitantes en la Medina, con talleres propios, zonas domésticas, zoco, la mezquita orientada a la Meca y tantos elementos necesarios, como el ajuar cerámico.

El conjunto palaciego, original, con gran decoración, mármoles, capiteles, sala de recepciones, dominando el jardín con vistas a la campiña.

Madinat Al-Zhara, proyectada para deslumbrar como sus arcos de entrada, ejemplo de muchos elementos arquitectónicos y edificaciones en el entorno geográfico.

Aún queda por descubrir, tras excavaciones arqueológicas que completarán la ciudad, sin embargo, la vida de Madinat Al-Zhara fue breve, su decadencia se inicia  en el s. x.

Posteriormente el abandono de la ciudad, continuaron con saqueos, guerras, expolio  y la dispersión de piezas.

En el s. xx  comenzaron los trabajos de recuperación arqueológica, excavaciones, estudios, topografía de la ciudad hasta llegar a lo que podemos disfrutar ahora.

La culminación fue la creación del conjunto arqueológico de Madinat Al-Zhara hasta el año 2018 convirtiéndose en Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Una ciudad deslumbrante, esplendorosa que mantendrá su diseño, su modo de vida tanto del poder como de sus habitantes, dejando un legado cultural en un entorno natural y paisajístico en la ciudad de Córdoba para el mundo.

Madinat Al Zhara, hoy abierta al cielo, nacida para ser ciudad eterna.

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SAN ANDRÉS DE TEIXIDO, MAGIA Y MISTERIO EN LAS RÍAS ALTAS; Por Rosana Saburo

Subíamos la Sierra de la Capelada con los sentidos abiertos para sumergirnos en acantilados, verdes montañas, salpicadas de pequeños y fuertes caballos salvajes.

Nos envolvía la tranquilidad de la naturaleza en la zona Norte de Galicia, en las Rías Altas, dirección a una pequeña aldea, San Andrés de Teixido, en el municipio de Cedeira.

De nuevo leyendas, el más allá, se plasmaron en esta aldea con un dicho popular que bien lo resume: “vai de morto quen non fui de vivo” , va de muerto quien no fue de vivo.

La peregrinación hacia San Andrés de Teixido comenzó hace siglos, en la Edad Media.

San Andrés estaba triste, veía como su templo estaba en un lugar perdido, lejano, no llegaban los peregrinos que preferían visitar la tumba del apóstol Santiago.

San Andrés prometió que nadie se iría  sin antes visitar su templo.

A partir de aquí, la tradición se impone con  peregrinos y visitantes, en vida, tirando una piedra en tumbas de la zona, entrar a la ermita, rezar a San Andrés, ir a la fuente del Santo para beber de los tres caños, pedir los deseos y arrojar al agua una miga de pan.

Una ermita marinera, de cara al mar, a los acantilados, construida con fondo blanco, con piedras de la zona, perdida en un rincón bellísimo, rodeada de misterios y leyendas.

Desde San Andrés de Teixido la visión de la vida se tornaba distinta, enigmática, por encima de lo humano.

El aire atlántico avivaba la imaginación, cobrando más vida leyendas que merodeaban en esta aldea sorprendente.

El viaje continuaba pasando de lo sobrenatural al deleite de exquisiteces del mar, en platos de la zona, pasando y terminando el día en Cedeira, municipio que salvaguarda su reserva marina con interés pesquero.

Galicia sorprende, siempre unida a historias y leyendas como la de San Andrés de Teixido.

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TORRE DE HÉRCULES, LA GUÍA MARÍTIMA DE A CORUÑA; Por Rosana Saburo

Cuando llegábamos a la ciudad de A Coruña, un ligero descenso nos dirigía hacia el centro histórico, una zona rodeada por el mar excepto por una pequeña parte de tierra, una silueta en una localidad portuaria, abierta al comercio marítimo y a todas las posibilidades que podía brindar su privilegiada ubicación.

Distintas zonas marítimas definían  la ciudad , una parte abierta a los rigores del océano que es aprovechada como playa urbana, la de Riazor, Orzán, entre otras, sobre las que anteriormente A Coruña se defendía construyendo murallas y elementos que salvaguardaran el barrio de Pescadería.

Otra zona más portuaria y unida a la ría, impulsando la actividad de un puerto histórico como el de A Coruña.

La ciudad era peculiar, una caminata por su paseo marítimo, que puede dar de sí más de  10 Km, nos llevaba a recorrer algunos de sus rincones.

Los railes del tranvía mostraban que se pudo pasear a través de este medio de transporte, actualmente sin funcionar.

Las farolas sobresalían con sus colores rojizos, dibujos escultóricos que parecían hacer de guía por un paseo rodeado de historia a cada paso que dábamos.

A lo lejos se divisaba la Torre de Hércules, sobre una suave colina, rodeada por mar, era de día, el color de sus sillares de piedra se apreciaba, sin grandes estridencias sobre tonalidades marinas.

En 2009 la Torre de Hércules fue declarada Patrimonio de la Humanidad realzando, de esta forma, sus valores, porque siempre contó con grandes privilegios, como el de ser el único faro romano y más antiguo en funcionamiento del mundo.

Su historia exacta era desconocida aunque fueron los romanos los que la reedificaron, al frente del proyecto estuvo el arquitecto Cayo Servio Lupo.

Lo que veíamos era distinto de la época romana ya que en el S. XVIII fue remodelada con estilo neoclásico, pero sin duda, imaginábamos cómo fue de útil este faro al comercio de la época en un mar bravío, con nieblas y tormentas.

La Torre de Hércules guiaba a las embarcaciones hacia Europa, Asia, facilitaba, por tanto, ese intercambio tan necesario para el desarrollo de los pueblos.

El origen de la Torre ha estado siempre unido a leyendas, como la de Hércules en la mitología romana, o la del rey Breogán, unido a tradiciones irlandesas.

Sea de una u otra forma, los pobladores han unido sus creencias a la Torre de Hércules, conformando un entorno de leyendas, mitologías y fuerzas poderosas, en definitiva, como la del mar que la rodea.

Sin duda, era el mar que nos envolvía allá por donde alcanzaba la vista el que definió  y erigió la Torre de Hércules, uniendo creencias a la vez que la protección y guía de embarcaciones en un océano indomable.

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COSTA GALLEGA: RUTA LITORAL POR CAMARIÑAS Y CABO VILÁN, EL BRAVÍO DEL OCÉANO ATLÁNTICO; Por Rosana Saburo

El corazón de la Costa da Morte nos sorprendía en forma de paisajes, con playas, calas y pueblos como el de Camariñas.

La ruta litoral de Camariñas nos ofrecía pasear por un Sendero Azul, itinerario señalizado de alto valor medioambiental.

La costa gallega en esta zona de Rías Altas mostraba un día con mar en calma, viento que acariciaba nuestro recorrido hacia cabo Vilán.

El aire puro dirigía a aves marítimas, algunas invernando del frío intenso europeo, gaviotas, cuervos marinos, se dejaban posar en piedras erosionadas que daban juego a multitud de morfologías.

El viento soplaba más intensamente, dando fuerza al parque eólico, que intentaba camuflarse en una de las zonas más bellas de la Costa da Morte.

La batalla a favor del medioambiente estaba delante de nosotros, en siluetas de grandes torres y palas movidas por la brisa del Atlántico.

Algunos bancos para sentarse nos dieron una parada obligada para admirar el paisaje y ahí estaba el cabo Vilán, su nombre en gallego, también cabo Villano, declarado monumento natural.

El cabo avanzaba hacia el mar, la torre granítica, altiva, como retando al océano fue testigo de tempestades, aguas bravas, salvajes, pero también perfilando leyendas y misterios.

Muchos barcos se perdieron en la costa de Camariñas, tornando a esta zona en uno de los puntos con mayor  número de siniestros de embarcaciones, sobresaliendo el naufragio del acorazado inglés HMS Serpent en 1890 en punta de O´Boi, pereciendo 172 tripulantes.

Su recuerdo se quedará en el Cementerio  de los Ingleses, incluido en la ruta Europea de Cementerios Singulares.

Un mar de vidas, vidas para recordar y vidas nuevas que marcarán una costa peligrosa, con fuertes vientos, nieblas, regalándonos a la vez, una gran biodiversidad, en espacios naturales.

Camariñas se mezclaba con valores ancestrales como el encaje, de valor internacional, el protagonista, el trabajo de las palilleras tejiendo delicadas piezas con nombre propio.

La Muestra Internacional del Encaje de Camariñas celebrada desde el año 1991, durante Semana Santa muestra el gran valor artesanal de estas labores.

La despedida de Camariñas fue en su puerto, con las pulpeiras, perfectamente organizadas para  su traslado posterior a las embarcaciones, dando seña de identidad gastronómica a este enclave.

El día se nos escapaba recordando un paisaje marítimo rico en flora, fauna que hipnotiza al igual que el tejer del encaje de bolillos, con historias ligadas al movimiento bravío del Atlántico que nos dejó las vidas de muchos tripulantes que viajaban a otros lugares y de paso,  encontraron el rugido y desgarre de una costa única, la gallega.

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GLACIARES BALMACEDA Y SERRANO, HIELO ANTÁRTICO EN MOVIMIENTO, EL EQUILIBRIO DEL PLANETA; Por Rosana Saburo

Teníamos que navegar para admirar el espectáculo de hielo antártico en forma de glaciares.

Desde el muelle de Puerto Natales, ilusionados por embarcar, primero por el fiordo  de Última Esperanza, dirección al Parque Nacional Bernardo O´Higgins.

La velocidad de la embarcación aumentaba, nos atrevimos a salir a cubierta muy abrigados, las sensaciones de aventura, aunque fuera un día planificado, se mezclaban con la grandiosidad del paisaje.

En una pared de la montaña una colonia de cormoranes, perfectamente adaptados al entorno antártico, sus alas extendidas daban movimiento a los acantilados.

Las Torres del Paine, al fondo, continuaban sobresaliendo, imponiéndose allá por donde contemplábamos el paisaje.

Las majestuosas montañas vistas desde la embarcación anticipaban lo que veríamos más tarde, los glaciares Balmaceda y Serrano.

Los lobos marinos estaban situados sobre grandes rocas, encaramados a los pies de la montaña, con movimientos lentos, camuflándose con un  color de pelo muy similar al de las piedras.

Desde la embarcación nos acercábamos al glaciar Balmaceda, la pendiente de la montaña nos ofrecía un glaciar colgante en retroceso, las rocas desnudas, próximas al agua, mostraban las señales de la anterior estancia del hielo glaciar.

Los témpanos, con grandes formas de hielo, se descolgaban lentamente hacia abajo, buscando convertirse, de nuevo, en agua.

Las miradas querían alcanzar lo más alto del glaciar, topándose con la altitud del hielo de matices celestes, como una montaña azulada.

Seguíamos nuestro recorrido a través de la navegación, obsequiando el paisaje con cascadas, que daban una idea de la abundancia de agua, lluvias, hielos eternos.

A más de dos horas de navegación, desembarcamos en Puerto Toro, uno de los poblados más australes del mundo, desde allí nos esperaba una caminata fácil, de 30 minutos, por un sendero que nos condujo a la maravilla del glaciar Serrano.

En medio de la naturaleza, un lugar majestuoso, con bosques de ñires o hayas antárticas, ciruelillos y otros árboles nativos, conformaban el mejor entorno para dirigirse al  glaciar Serrano.

Pequeños témpanos flotaban en el lago, era una naturaleza imponente.

En el sendero aparecían estacas de distintos colores, mostrándonos cuanto había retrocedido el glaciar en las últimas décadas.

A la llegada al mirador del glaciar, se escuchaban distintos idiomas de guías que describían un enclave rotundo, altivo, que nos sacudía allí por donde se mirara.

La supervivencia del glaciar Serrano estaba delante de nosotros, transformado en un destino turístico por excelencia, un atractivo natural muy visitado.

El equilibrio agua, hielo, sol, bosque, temperatura, la mezcla de muchos elementos estaban allí, mostrando que las grandes masas de hielo eran sensibles a tantos componentes e influencias.

Estábamos tan cerca del glaciar, admirando su belleza, sintiendo una auténtica experiencia, el milagro de la armonía de la naturaleza.

Nuestro futuro abarcaba la preservación  de glaciares, su presencia nos mostraba que, todavía, estamos a tiempo para su defensa, y que de muchos modos, dependemos de ellos.

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CUEVA DEL MYLODÓN, EL MAYOR TESORO ENTERRADO EN PATAGONIA; Por Rosana Saburo

El sendero ascendía suavemente, las vistas al Macizo del Paine también se divisaban desde allí, el paisaje patagónico continuaba deleitándonos.

Las réplicas de figuras de grandes animales mamíferos que vivieron aquí entre 14000 y 10000 años antes, como panteras, tigres, caballos, estaban colocadas junto al sendero acercándonos a vivir con más intensidad la visita a esta gran cavidad.

La Cueva del Mylodón nos empequeñeció con sus 200 m. de  profundidad, 80 m de ancho, 30 m. de altitud, con la réplica del gran Mylodón, un herbívoro de hábitos lentos de cerca una tonelada, lento pero temible con sus contrincantes.

Las estalactitas, las areniscas, piedras sobrevivían a la erosión de miles de años, ofreciéndonos la cueva y  alrededores un patrimonio único, un verdadero tesoro de la historia de la humanidad porque aquí vivieron los primeros pobladores humanos que llegaron a esta zona.

Sólo se ha excavado y conocido una reducida parte, cuyo suelo aún esconde restos de animales extintos y probablemente humanos.

Miles de años de historia en un espacio arqueológico y paleontológico imprescindible para su cuidado.

Los saqueadores también hicieron de lo suyo en este enclave pero todavía la cavidad salvaguarda tesoros únicos de la vida en  Patagonia.

El sendero Mirador guiaba hasta el techo de la cueva del Mylodón   desde donde la vista apreciaba lagos, laberínticos canales, contundentes montañas y majestuosos paisajes.

Otro sendero, el de Cuevas, conducía hasta la formación rocosa Silla del Diablo una enorme roca con vistas impresionantes.

Una última mirada a la Cueva del Mylodón quería despedir, para no olvidar, esta visita que nos llevó a vivir y estar más cerca del día a día de los primeros pobladores en un mirador natural maravilloso cerca del Parque Nacional Torres del Paine, provincia Última Esperanza, Región de Magallanes y de la Antártida Chilena.

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PARQUE NACIONAL TORRES DEL PAINE, SANTUARIO ANTÁRTICO DE MARAVILLAS NATURALES; Por Rosana Saburo

Era la última etapa del viaje a Chile, el  vuelo entre Santiago de Chile a Puerto Natales nos dejaba una sorpresa, minutos antes de aterrizar, el comandante nos avisaba que prestáramos atención al lado derecho, sorprendiéndonos el imponente macizo del Paine, que cerca estábamos de unas montañas que daban nombre al propio Parque.

El Parque Nacional Torres del Paine, Reserva de la Biosfera por la Unesco, valorado en 2013 octava maravilla del mundo conformaba la mejor despedida del viaje a Chile, no sólo eran las Torres, además nos esperaban lagos  color turquesa, ríos, bosques, glaciares, cascadas, pampa, con flora y fauna silvestre.

Los fríos hielos del Sur marcaban el caudal del río Paine, los glaciares, los saltos de agua, la erosión fluvial iba encargándose de diseñar un paisaje natural inmenso.

La cascada del Paine, rodeada de matorrales preandinos, con la cordillera de los Andes al fondo, admirando desde aquí el macizo montañoso de las Torres, dejaba mostrar la fuerza del agua que bajaba desde las alturas.

Las Torres del Paine, los pináculos negros afilados que apuntaban al cielo, eran los protagonistas de unos paisajes inabarcables con la mirada.

Las aguas más calmadas formaban el lago Pehoé, incluso permitía la navegación, adentrando a los visitantes en senderos de montaña.

El lago regalaba distintos colores en sus aguas, el juego de la luz marcaba tonalidades, además de la vida de microorganismos, algas y otros elementos naturales.

Paisajes que invitaban a recorrerlos caminando, siendo un destino único para el senderismo.

La fauna que vimos, el cóndor, el zorro, familias de guanacos, ñandú o avestruz, otros animales muy presentes en el parque eran los pumas.

De nuevo la fuerza del interior del planeta, las rocas fundidas, el magma en procesos geológicos de hace millones de años generaron un enclave excepcional, con un macizo montañoso, Torres del Paine protagonista, por su belleza, altitud, nieves perpetuas, sobresaliendo allí por donde se admiraban estos paisajes.

Las Torres parecían indestructibles, eternas, sólo tocadas por el viento, el agua, la niebla, cambiantes por la luz.

El Parque Nacional Torres del Paine nos ofreció ambientes únicos que mostraban diversidad natural que sólo conducen a su preservación y continuidad.

La gestión sostenible del Parque será determinante para su cuidado y mantenimiento, permitiéndonos contemplar esta maravilla de la naturaleza.

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VOLCANES MISCANTI Y MIÑIQUES, GUARDIANES DE UN OASIS DE LAGUNAS Y VIDA SALVAJE; Por Rosana Saburo

La fascinación por la belleza del altiplano andino se superaba con cada descubrimiento de paisajes y panorámicas.

Nos sorprendía la altitud marcada por la colosal cordillera de los Andes, con planicies a más de 4000 metros sobre el nivel del mar, rodeadas de monumentales volcanes, como el de Miscanti (5622 m.) y Miñiques (5910 m.) dentro de la Reserva Nacional Los Flamencos.

Eran nuestros últimos días en San Pedro de Atacama y la despedida fue a lo grande.

Miscanti y  Miñiques dos colosos volcanes elevados sobre dos lagunas del mismo nombre, de azul celeste, bordes blancos salinos, con flamencos, patos y otras especies de aves regodeándose en ese oasis;  La magia de la naturaleza nuevamente nos envolvía.

Las aguas infiltradas de lluvia, hielo, de un subsuelo lleno de energía volcánica que emanaba vida en medio de la aridez más rotunda de la llanura.

El paisaje nos revestía de una magia única, que sólo se siente en plena naturaleza, estábamos  a su merced, los senderos bajaban lentamente hacia los bordes de la laguna Miscanti, pero no tanto como para importunar a la fauna salvaje.

Las miradas hacia atrás querían grabar esas siluetas de volcanes que se encargaron con sus flujos de lava de separar estas dos lagunas.

La inmensidad del paseo, a esa altura, de laguna a laguna, nos hacía pensar cómo se imponía la fuerza de la naturaleza.

Que nada podía frenar el empuje de la cordillera montañosa mas larga del planeta donde volcanes y movimientos sísmicos están muy presentes y activos.

Paisajes que dieron cobijo a culturas incaicas, dejando un legado palpable en la actualidad, marcado por la adaptación de la vida humana y natural a los  rigores de la altitud.

La historia de la naturaleza en un espacio natural impresionante que despedía días de visitas a enclaves irrepetibles, tesoros del Desierto de Atacama.

Y en este lugar se hizo realidad el Proyecto ALMA, el observatorio astronómico más grande del mundo emplazado en el Desierto de Atacama a 5000 metros, proyecto internacional construido por distintas organizaciones aprovechando las cualidades idóneas  para esta ubicación.

Un lugar único, el Desierto de Atacama, en el que entendimos, más que nunca, que estamos  a merced de la fuerza de un planeta que nos brinda tantas posibilidades como la de observar desde el Norte de Chile, el universo.

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